La piedra se puede trabajar de diferentes formas según el acabado o textura deseada. Una vez seleccionada la piedra debemos de saber que métodos de trabajo podemos utilizar para obtener el resultado deseado de forma más eficaz.
El pulido, flameado, apomazado, abujardado o arenado son algunos de los más utilizados para conseguir una superficie lisa y brillante, o de lo contrario, rugosa y mate. Entre estas dos diferentes texturas hay otras intermedias y para que sepáis un poquito de la técnica en nuestro trabajo, os hacemos una breve relación de las metodologías usadas.
Pulido
Con la técnica del pulido conseguimos un acabado efecto espejo. Resultará una superficie lisa y brillante. El pulido de las superficies es muy habitual en los hogares españoles, permite tener unos suelos relucientes lo que ofrece una sensación de lujo y sofisticación. Se utiliza sobre todo en interiores y muebles.
Flameado
El resultado obtenido es una superficie con cierto relieve, rugosa, algo craterizada y vítrea, que proporciona un aspecto rústico a la piedra. Nos garantiza una rugosidad que imita a la naturaleza y se suele utilizar tanto en fachadas como en revestimientos de interior.
Apomazado
Se trata de un acabado en superficie lisa y suave pero mate. Libre de marcas y rugosidades. Es un tratamiento previo al pulido, pero sin brillo. Se suele utilizar tanto en revestimientos como en fachadas.
Abujardado
Con este método se consigue un clareado del color de la piedra gracias a la rugosidad de su superficie. En ocasiones este acabado se busca para obtener una mayor adherencia al suelo, como los bordes de las piscinas, o para añadir un contraste aclarado de la piedra al resto de la edificación.
Arenado
Técnica curiosa en su aplicación ya que se imita la erosión natural disparando arena mediante un chorro de aire. Conseguimos un acabado ligeramente rugoso y más ligero que el abujardado. Aclara ligeramente el color del mármol.
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